El futuro de un pueblo está aquí: en los ancianos y en los niños. Un pueblo que no se preocupa de proteger a sus ancianos y niños no tiene futuro, porque no tendrá memoria ni promesa. ¡Los ancianos y los niños son el futuro de un pueblo! Qué frecuente es dejarlos de lado, ¿no? La señal de la presencia de Dios es ésta, así ha dicho el Señor: «Los ancianos y las ancianas se sentarán de nuevo en las plazas de Jerusalén, cada uno con su bastón en la mano, a causa de sus muchos años. Las plazas de la ciudad se llenarán de niños y niñas, que jugarán en ellas». (cfr. Za 8, 4-5). El juego nos hace pensar en la alegría: es la alegría del Señor. Y estos ancianos, sentados con sus bastones en la mano, tranquilos, nos hacen pensar en la paz. Paz y alegría: ¡este es el aire de la Iglesia!

(Homilía Santa Marta, 30 de septiembre de 2013). Fuente: Vatican News