«Esta multitud fue atraída por el Padre: fue el Padre quien atrajo a la gente hacia Jesús. Hasta tal punto que Jesús no se quedó indiferente, como un maestro estático que pronuncia sus enseñanzas desde lo alto y luego se aleja lavándose las manos. ¡No! Esta multitud tocó el corazón de Jesús. El propio Evangelio nos dice: «Jesús se conmovió, porque vio a esa gente como ovejas sin pastor». Y el Padre, a través del Espíritu Santo, atrae a las personas hacia Jesús. Cuando el Padre atrae a la gente a Jesús, hay otro que atrae de manera opuesta y te hace la guerra por dentro. Y por eso Pablo habla de la vida cristiana como una lucha: una lucha cotidiana. Pensemos en cómo es nuestro corazón: ¿siento esta lucha en mi corazón? ¿Creo que mi vida mueve el corazón de Jesús? Si no lo creo, debo rezar mucho para creerlo, para que se me conceda esta gracia. Que cada uno busque en su propio corazón para ver cómo es la situación en él. Y pidamos al Señor que nos haga cristianos que sepan discernir lo que pasa en nuestro propio corazón y elegir bien el camino por el que el Padre nos atrae a Jesús». (Santa Marta 19 de enero de 2017): Fuente: Vatican News
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