El amor de Cristo lo lleva a llorar, a llorar por cada uno de nosotros. La ternura que hay en esta expresión. Jesús podría condenar a Jerusalén, decir cosas malas… Y se queja porque no se deja querer como los pollos de la gallina. Esta ternura del amor de Dios en Jesús, y esto fue lo que entendió Pablo. Si no llegamos a sentir, a comprender la ternura del amor de Dios en Jesús por cada uno de nosotros, nunca, nunca podremos comprender lo que es el amor de Cristo. (Meditación de la mañana, 31 de octubre de 2019)
Fuente: Vatican News
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