Jesús compara el Reino de Dios, esto es, su presencia que habita el corazón de las cosas y del mundo, con el grano de mostaza, la semilla más pequeña que hay: es pequeñísima. Sin embargo, arrojada a la tierra, crece hasta convertirse en el árbol más grande (cf. Mc 4,31-32). Así hace Dios. A veces, el fragor del mundo y las muchas actividades que llenan nuestras jornadas nos impiden detenernos y vislumbrar cómo el Señor conduce la historia. Y, sin embargo, —asegura el Evangelio— Dios está obrando, como una pequeña semilla buena que silenciosa y lentamente germina. (…) El bien —recordémoslo— crece siempre de modo humilde, de modo escondido, a menudo invisible. (Ángelus del 13 de junio de 2021).
Fuente: Vatican News
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