Estos imperativos muestran que la misión se basa en la oración, que es itinerante, que requiere desapego y pobreza, que trae paz y sanación, signos de la cercanía del Reino de Dios (…) Si se vive en estos términos, la misión de la Iglesia se caracterizará por la alegría. ¿Y cómo termina este paso? «Regresaron los setenta y dos alegres» (v. 17). No se trata de una alegría efímera que proviene del éxito de la misión; por el contrario, es un gozo arraigado en la promesa de que ―dice Jesús― «vuestros nombres están escritos en el cielo» (v. 20). (Ángelus del 7 de julio de 2019).

Fuente: Vatican News