««Al final estas riquezas no dan la seguridad para siempre. Más aún, echan por los suelos tu dignidad». Y esto también vale «en familia»: tantas familias se separan … «Incluso en la raíz de las guerras existe esta ambición que destruye, corrompe», observó el Papa. En efecto, «en este mundo, en este momento, hay muchas guerras por la avidez de poder, de riquezas». Pero «se puede pensar en la guerra en nuestro corazón: “Evitad toda clase de codicia”, dice el Señor». Porque «la codicia va adelante, va adelante, va adelante: es un escalón, abre la puerta, después viene la vanidad —creerse importante, creerse potente— y, al final, el orgullo». Y «de ahí todos los vicios, todos: son escalones, pero el primero es la codicia, el deseo de amontar riquezas».(…) «es difícil, es como jugar con el fuego», añadió el Pontífice. Por este motivo «muchos tranquilizan su propia conciencia con la limosna y dan lo que les sobra». Pero «este no es el administrador: el administrador toma lo que sobra y da a los demás, como servicio, todo». En efecto, «administrar la riqueza es despojarse continuamente del propio interés y no pensar que estas riquezas nos darán la salvación». Por lo tanto, «amontar está bien, incluso tesoros, pero los que tienen valor —por decirlo así— en la «bolsa del cielo»: ¡allí, amontonar allí!». (Santa Marta, 19 junio 2015)»

Fuente: Vatican News