««La Biblia dice que Moisés hablaba al Señor cara a cara, como un amigo». Y «así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones». Incluso «“reprendiendo” un poco al Señor: pero tú me has prometido esto y no lo has hecho». «Moisés bajó del monte radiante. Había conocido aún más al Señor. Y con esa fuerza que le había dado retoma su trabajo de guiar al pueblo hacia la tierra prometida». Pidiendo al Señor que «nos dé a todos nosotros la gracia, porque rezar es una gracia» Y es también «esto lo que hace la oración en nosotros: nos cambia el corazón, nos hace comprender mejor cómo es nuestro Dios». Pero para esto, añadió el Pontífice, «es importante hablar al Señor no con palabras vacías como hacen los paganos». Es necesario, en cambio, «hablar con la realidad: pero, mira, Señor, tengo este problema en la familia, con mi hijo, con este o con el otro… ¿Qué se puede hacer? Pero mira que tú no me puedes dejar así». La oración necesita y requiere tiempo. (Homilía Santa Marta, 3 abril 2014)»
Fuente: Vatican News
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