La hipocresía es el mayor peligro, porque puede arruinar incluso las realidades más sagradas. (…)

Por eso, no es la perfección ni la fuerza lo que importa para acoger a Dios, sino la humildad. Este es el camino para recibir a Dios. No la autosuficiencia: “¡Somos fuertes, somos grandes…!” No. Humildad. “Soy un pecador.” Pero no de manera abstracta, no —“por esto, por esto y por esto otro”. Cada uno de nosotros tiene que reconocer sus propios pecados, sus propias faltas, su propia hipocresía, primero ante sí mismo. Tenemos que bajarnos del pedestal y sumergirnos en el agua del arrepentimiento. (…) Olvidamos que solo hay una situación en la que es legítimo mirar a alguien desde arriba: cuando es necesario para ayudarlo a levantarse. (…) Así es como se empieza una vida nueva. Hay un solo camino: el camino de la humildad —purificarnos del sentimiento de superioridad, del formalismo y de la hipocresía, ver a los demás como hermanos y hermanas, pecadores igual que nosotros, y ver a Jesús como el Salvador que viene por nosotros, no por otros: por nosotros, tal como somos, con nuestra pobreza, nuestras miserias y nuestras caídas, y sobre todo con nuestra necesidad de ser levantados, perdonados y salvados. (Papa Francisco, Ángelus, 4 de diciembre de 2022).

Fuente: Vatican News