Señor, tú eres mi pastor, nada me falta. Aunque camine por valles oscuros, no temeré ningún mal, porque tú vas conmigo. Me cuesta creerlo cuando tengo miedo, pero hoy quiero aferrarme a tu promesa. Quita de mi corazón la angustia por el mañana; que me baste saber que tú ya estás allí esperándome. Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. Amén.
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