Estas palabras nos ayudan a comprender que nadie puede decirse seguidor de Jesús si no escucha su voz. Y este «escuchar» no hay que entenderlo de una manera superficial, sino comprometedora, al punto que vuelve posible un verdadero conocimiento recíproco, del cual pueden surgir un seguimiento generoso, expresada en las palabras «y ellas me siguen». Se trata de un escuchar no solamente con el oído, sino ¡una escucha del corazón!

(REGINA COELI 17 de abril de 2016). Fuente: Vatican News