La página del Evangelio de hoy presenta a Jesús, quien además de los doce apóstoles, envía en misión a setenta y dos discípulos. Probablemente el número setenta y dos indica todas las naciones. De hecho, en el libro del Génesis se mencionan setenta y dos naciones diferentes (cf. 10, 1-32). Así, este envío prefigura la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio a todos los pueblos. A esos discípulos, Jesús les dice: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Por lo tanto, pidan al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a su cosecha» (v. 2). Esta petición de Jesús es siempre válida. Debemos rezar incansablemente al «dueño de la cosecha», es decir, a Dios Padre, para que envíe obreros a trabajar en su campo, que es el mundo. […] Al enviar a los setenta y dos discípulos, Jesús les da instrucciones específicas que manifiestan las características de la misión. La primera —ya lo vimos— es pedir; la segunda, ir; y luego: No lleven bolsa, ni alforja…; digan: «¡La paz esté en esta casa!»… Quédense en esa casa… No anden de casa en casa… Sanen a los enfermos que haya y díganles: «¡El Reino de Dios ya está cerca de ustedes!»; y, si no los reciben, salgan a la plaza pública y despidan. […] Si se vive en estos términos, la misión de la Iglesia estará caracterizada por la alegría. (Angelus del 7 de julio de 2019).
Fuente: Vatican News
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