El estilo acusatorio es el estilo de los creyentes que siempre buscan acusar al prójimo, viven acusando: “No, pero esto, eso, no, aquel no está bien, él era un buen católico” y siempre descalifican a los demás. Es un estilo — diría — de fiscales fracasados: siempre buscan acusar al prójimo. Pero actuando así no se dan cuenta de que es el estilo del diablo: en la Biblia, el diablo es llamado el “gran acusador”, siempre acusa a los demás. […] El Señor te ofreció el vino nuevo, pero no cambiaste los odres, no los cambiaste. La mundanidad arruina a muchas personas, ¡mucha gente! Incluso personas buenas caen en este espíritu de la vanidad, de la soberbia, de querer aparecer… No hay humildad, pero la humildad es parte del estilo cristiano. Por eso «debemos aprenderla de Jesús, de Nuestra Señora, de San José: eran humildes. […] El estilo cristiano consiste en las Bienaventuranzas: mansedumbre, humildad, paciencia en el sufrimiento, amor por la justicia, capacidad de soportar las persecuciones, no juzgar al prójimo. He aquí el espíritu cristiano, el estilo cristiano: si quieres saber cómo es el estilo cristiano — para no caer en este estilo acusatorio, en el estilo mundano, en el estilo egoísta — lee las Bienaventuranzas. Este es nuestro estilo, las Bienaventuranzas son los odres nuevos, el camino a seguir: para ser un buen cristiano hay que tener la capacidad de recitar el Credo con el corazón, pero también de rezar el Padre Nuestro con el corazón. (Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 21 de enero de 2019).

Fuente: Vatican News