Nosotros creemos que Jesús venció de forma definitiva a Satanás y así nos liberó del miedo que podíamos tenerle. […] Si bien en Jesús se dio la derrota del maligno, esa victoria tiene que ser aceptada libremente por cada uno de nosotros, ya que el mal todavía no fue eliminado del todo. Por eso, la lucha contra el mal requiere compromiso y una vigilancia constante. La liberación definitiva recién se va a dar en una perspectiva escatológica (cf. Ap 21, 4). A pesar de nuestras luchas y de nuestros propios fracasos, queda esta palabra consoladora de Cristo: «En el mundo tendrán sufrimientos, pero ¡ánimo! Yo vencí al mundo» (Jn 16, 33). (San Juan Pablo II, Audiencia General del 18 de agosto de 1999).

Fuente: Vatican News