Jesús, como aquella mujer que se abrió paso entre la multitud, yo también vengo a ti con lo poco que me queda de fuerza. Ya probé tantas cosas, ya esperé tanto… y ahora solo quiero tocar el borde de tu manto. Sé que tu poder no tiene límites y que tu corazón se conmueve con mi sufrimiento. Virgen de Guadalupe, tú que dijiste «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?», cúbreme con tu manto mientras espero mi sanación. Amén.
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