“Al primer momento del encuentro, que consiste en una profunda experiencia espiritual, le sigue un segundo: el de la fiesta. […] La fiesta es comenzar un nuevo camino, pero luego debe haber el trabajo diario, que debe alimentarse con el recuerdo de ese primer encuentro. […] No se trata de un momento; se trata de un periodo de tiempo que se prolonga hasta el final de la vida por medio de la memoria. ¿Memoria de qué? ¡De esos eventos! ¡De ese encuentro con Jesús que cambió mi vida! ¡Que tuvo misericordia! Que fue tan bueno conmigo y que también me dijo: ‘Invita a tus amigos pecadores, porque vamos a hacer una fiesta’. Ese recuerdo da fuerza a Mateo y a todos estos para seguir adelante. ‘El Señor ha cambiado mi vida’. ‘Me he encontrado con el Señor’. Recordar constantemente es como soplar sobre las brasas de esos acontecimientos, ¿no? Soplar para mantener el fuego, siempre».

(Homilía desde Santa Marta 5 de julio de 2013). Fuente: Vatican News