“Si un apóstol, un enviado, cualquiera de nosotros -hay tantos enviados aquí-, es un engreído que se cree superior a los demás o que va buscando afanosamente algún interés humano o -no sé- va buscando lugares y priveligios en la Iglesia, nunca curará a nadie, no conseguirá nunca abrir el corazón de nadie, porque su palabra no tendrá autoridad. En cambio, el discípulo tendrá autoridad si sigue los pasos de Cristo. ¿Y cuáles son los pasos de Cristo? La pobreza. ¡De Dios se hizo hombre! ¡Se aniquiló a sí mismo! ¡Se desnudó! Pobreza que lleva a la mansedumbre, a la humildad. El Jesús humilde que sale a la calle a curar. Y así, un apóstol con esta actitud de pobreza, de humildad, de mansedumbre, es capaz de tener la autoridad de decir: ‘Conviértanse’, para abrir los corazones. […] Un cristiano cura, no sólo un sacerdote, un obispo, sino también un cristiano. Cada uno de nosotros tiene el poder de sanar si tomamos este camino de la autoridad de Jesús».

(Homilía desde Santa Marta 7 de febrero de 2019). Fuente: Vatican News