La vida cristiana consiste en servir. Y es muy triste, ver a los cristianos que al principio de su conversión o de su conciencia de ser cristianos, sirven, están abiertos a servir, sirven al pueblo de Dios, y luego, en cambio, acaban sirviéndose de él. Esto hace mucho daño, muchísimo, al pueblo de Dios. La vocación del cristiano es, por tanto, «servir» y nunca «aprovecharse». Esto lo vemos en la oración del Padre Nuestro, en la que rezamos, abrimos nuestros corazones, para que llegue esta gratuidad. No hay relación con Dios sin gratuidad. a veces, cuando necesitamos algo espiritual o una gracia, decimos: “Bueno, ahora ayunaré, haré penitencia, haré una novena…”. Todo esto está bien, pero tengamos cuidado: no se trata de “pagar” por la gracia, de “comprar” la gracia; se trata de ensanchar tu corazón para que la gracia venga. La gracia es gratuita. Esta relación de gratuidad con Dios nos ayudará a tenerla con los demás, tanto en el testimonio como en el servicio cristiano y en la vida pastoral de los pastores del Pueblo de Dios. (Homilía Santa Marta, 11 junio 2019).
Fuente: Vatican News
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