¡Qué hermosa es esta misión de llevar la luz al mundo! Es una misión nuestra. ¡Es bella! También es muy bueno conservar la luz que recibimos de Jesús, guardarla y preservarla. El cristiano debería ser una persona luminosa, que da luz, que siempre da luz. ¡Una luz que no es suya, sino que es el regalo de Dios, el regalo de Jesús! Y nosotros llevamos esta luz. Si el cristiano apaga esta luz, su vida no tendrá sentido: es cristiano solo de nombre, que no lleva la luz, una vida sin sentido. (…) Es precisamente Dios quien nos da esta luz y nosotros debemos llevarla a los demás. ¡Lámpara encendida! He aquí la vocación cristiana. (Angelus del 9 de febrero de 2014).
Fuente: Vatican News
Deja una respuesta