Jonás estuvo tres noches y tres días dentro de la ballena, una referencia a Jesús en el sepulcro – a su muerte y a su Resurrección – y ese es el signo que Jesús promete, en contra de la hipocresía, en contra de esa actitud de religiosidad perfecta, en contra de esa actitud de un grupo de fariseos. El signo de Jonás, el verdadero, es el que nos da la confianza de ser salvados por la sangre de Cristo. Cuántos cristianos, cuántos son, piensan que solo serán salvados por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva. Pero solo las obras, sin ese amor misericordioso, no sirven para nada. Dos palabras en la primera lectura están relacionadas con esto. Pablo dice de sí mismo que es apóstol no porque haya estudiado eso, no: apóstol por llamado. Y a los cristianos les dice: “Ustedes son llamados por Jesucristo”. El signo de Jonás nos llama: seguir al Señor – todos nosotros somos pecadores – con humildad, con mansedumbre. Hay un llamado, pero también una elección. (Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 14 de octubre de 2013).
Fuente: Vatican News
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