Un ciego en aquellos tiempos — pero también hasta hace poco — podía vivir solo de limosna. La figura de este ciego representa a muchas personas que, incluso hoy, se encuentran marginadas por causa de una discapacidad física o de otro tipo. Está alejado de la multitud, está ahí mientras las personas pasan ocupadas, absortas en sus pensamientos y en tantas cosas… Y las calles, que pueden ser un lugar de encuentro, para él son, por el contrario, un lugar de soledad. Una multitud que pasa… Y él solo. (…) El Evangelista dice que alguien en medio de la multitud le explicó al ciego el motivo de la presencia de toda esa gente diciendo: «¡Pasa Jesús, el Nazareno!» (v. 37). El paso de Jesús está indicando con el mismo verbo con el que en el libro del Éxodo se habla del paso del ángel exterminador que salva a los israelitas en la tierra de Egipto (cf. Éx. 12, 23). Es el «paso» de la Pascua, el inicio de la liberación: cuando Jesús pasa, ¡siempre hay liberación, siempre hay salvación! (…) Hermanos y hermanas, el paso del Señor es un encuentro de misericordia que une a todos alrededor de Él para permitirnos reconocer quién necesita ayuda y consuelo. Jesús también pasa en nuestra vida; y cuando pasa Jesús, me doy cuenta, es una invitación a acercarme a Él, a ser más bondadoso, a ser un cristiano mejor, a seguir a Jesús. (Audiencia General del 15 de junio de 2016).

Fuente: Vatican News