Será bueno pensar: “¿Cómo será ese día, cuando esté frente a Jesús?” Cuando Él me pregunte sobre los talentos que me dio, qué hice con ellos, cuando me pregunte cómo estaba mi corazón cuando la semilla cayó en él, como un camino, como espinos, esas parábolas del Reino de Dios, cómo recibí la Palabra: ¿con el corazón abierto, hice que brotara para el bien de todos, o en secreto? Recuerdo que cuando era niño, cuando iba a catequesis, nos enseñaban cuatro cosas: muerte, juicio, infierno o gloria. Después del juicio, existe esa posibilidad. “Pero, padre, eso es para asustarnos”. No, es la verdad. Porque si no cuidas tu corazón para que el Señor esté contigo y vives siempre lejos del Señor, tal vez haya el peligro de continuar así, de estar alejado del Señor por toda la eternidad. Eso es muy feo. La fidelidad al Señor no decepciona. (…) Con esa fidelidad, cuando llegue la muerte, en el día del juicio final no tendremos miedo. (Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 22 de noviembre de 2016).
Fuente: Vatican News
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