El evangelista narra que “María partió y fue rápidamente” (v. 39) a casa de Isabel: de prisa, no con ansiedad, no con ansiedad, sino de prisa, en paz. “Se puso en camino”: un gesto lleno de preocupación. Podría haberse quedado en casa para preparar el nacimiento de su hijo, pero al contrario, se preocupa primero por los demás y no por ella misma, demostrando con los hechos que ya es discípula del Señor que lleva en su seno. El acontecimiento del nacimiento de Jesús comenzó así, con un simple gesto de caridad: al fin y al cabo, la auténtica caridad es siempre fruto del amor de Dios. El evangelio de la visita de María a Isabel, que hemos escuchado hoy en la misa, nos prepara para vivir bien la Navidad, comunicándonos el dinamismo de la fe y de la caridad. Este dinamismo es obra del Espíritu Santo: el Espíritu de Amor que fecundó el seno virginal de María y que la llevó a lanzarse al servicio de su prima anciana. Un dinamismo lleno de alegría, como se ve en el encuentro entre las dos madres, que es un himno de gozosa exaltación en el Señor, que realiza grandes cosas con los pequeños que en Él confían. (Ángelus del 23 de diciembre de 2018)
Fuente: Vatican News
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