La oración que Jesús hace por sí mismo es un pedido de glorificación, de su propia “elevación” en la “Hora” que ha llegado. En realidad, es más que un simple pedido: es una expresión de total disponibilidad para entrar, de manera libre y generosa, en el plan de Dios Padre que se realiza en su entrega, muerte y resurrección. No es casual que Jesús comience esta oración sacerdotal diciendo: «Padre, llegó la hora: glorificá a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a vos» (Jn 17,1). La glorificación que Jesús pide para sí mismo, como Sumo Sacerdote, es su entrada en la obediencia más plena al Padre, una obediencia que lo lleva a vivir de forma plena su condición de Hijo: «Y ahora, Padre, glorificame junto a vos, con la gloria que tenía con vos antes de la creación del mundo» (Jn 17,5). Esta actitud de entrega total y este pedido son el primer acto del nuevo sacerdocio de Jesús, que se expresa en donarse por completo en la cruz. Y justamente en la cruz —el gesto supremo de amor— es donde Él es glorificado, porque el amor es la gloria auténtica, la gloria de Dios. (Benedicto XVI, Audiencia General del 25 de enero de 2012).
Fuente: Vatican News
junio 3, 2025 a las 11:17 am
Precioso. Me encanta! Gracias.