El nuevo templo de Dios, el nuevo encuentro de Dios con su Pueblo se llevará a cabo en lugares que normalmente no esperamos, en los márgenes, en las afueras. Allí se darán cita, allí se encontrarán; allí Dios se hará carne, para caminar con nosotros desde el seno de su madre. Ya no será un lugar reservado a unos pocos mientras la mayoría espera fuera. Nada ni nadie le serán indiferentes, ninguna situación será privada de su presencia: la alegría de la salvación comienza en la vida diaria de la casa de una joven de Nazaret. Dios mismo es el que toma la iniciativa y elige insertarse, como hizo con María, en nuestros hogares, en nuestras luchas diarias, llenas de ansias y al mismo tiempo de deseos. Y es precisamente dentro de nuestras ciudades, de nuestras escuelas y universidades, de las plazas y los hospitales que se escucha el anuncio más bello que podemos oír: «¡Alégrate, el Señor está contigo!». Una alegría que genera vida, que genera esperanza, que se hace carne en la forma en que miramos al futuro, en la actitud con la que miramos a los demás. Una alegría que se convierte en solidaridad, hospitalidad, misericordia hacia todos.

(HOMILÍA Solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de marzo de 2017). Fuente: Vatican News