«No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre» (Jn 2, 16). Esta expresión no se refiere sólo a los negocios que se realizaban en los patios del templo. Se refiere más bien a un tipo de religiosidad. El gesto de Jesús es un gesto de «limpieza», de purificación, y la actitud que Él denuncia ya la encontramos en los textos proféticos, según los cuales Dios no soporta un culto exterior hecho de sacrificios materiales y basado en el interés personal (cf. Is 1, 11-17; Jer 7, 2-11). Este gesto es la llamada al culto auténtico, a la correspondencia entre liturgia y vida; una llamada válida para todos los tiempos y también hoy para nosotros: la llamada a una correspondencia entre liturgia y vida. La liturgia no es una cosa extraña, allá, tan lejana, que mientras se celebra yo piense en muchas cosas, o rece el rosario. No, no. Hay una correspondencia con la celebración litúrgica que luego debe manifestarse en mi vida; y en este aspecto tenemos mucho trabajo por adelante, todavía hay que recorrer mucho camino.

VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE TODOS LOS SANTOS, 7 de marzo de 2015. Fuente: Vatican News