Corazón de Cristo, muéstranos a Jesús que se ofrece: es el compendio de su misericordia. Mirando hacia Él — como hace Juan en el Evangelio (19, 31-37) — es natural recordar su bondad, que es gratuita, no se compra ni se vende, es incondicional, no depende de nuestras obras, es soberana. ¡Y conmueve! En la prisa de hoy, entre mil carreras y continuas preocupaciones, perdemos la capacidad de conmovernos y de sentir compasión, pues perdemos este regreso al corazón, es decir, a la memoria, el retorno al corazón. Sin memoria se pierden las raíces, y sin raíces no se crece. Nos hará bien alimentar la memoria de quienes nos amaron, cuidaron de nosotros, nos animaron. (…) Me pregunto: ¿Cómo funciona nuestra memoria? Simplificando, podríamos decir que recordamos a alguien o algo cuando toca nuestro corazón, cuando está ligado a un determinado afecto o a una falta de afecto. Pues bien, el Corazón de Jesús cura nuestra memoria porque la hace volver al afecto fundador. La enraíza en la base más sólida. Nos recuerda que, pase lo que pase en nuestra vida, somos amados. (Homilía en la Universidad Católica del Sagrado Corazón, 5 de noviembre de 2021).

Fuente: Vatican News