Ante el anuncio del nacimiento de un hijo (cf. Lc 1,13), Zacarías se mostró incrédulo, porque las leyes naturales no se lo permitían: eran viejos, ancianos; por eso, el Señor lo dejó mudo durante todo su embarazo (cf. v. 20). Es una señal. Pero Dios no depende de nuestra lógica ni de nuestras limitadas capacidades humanas. Debemos aprender a confiar y a permanecer en silencio ante el misterio de Dios y a contemplar con humildad y silencio su obra, que se revela en la historia y que muchas veces supera nuestra imaginación. Y ahora que el acontecimiento tiene lugar, ahora que Isabel y Zacarías experimentan que “nada es imposible para Dios” (Lc 1,37), su alegría es grande. (…) Y pensando en esto, preguntémonos: ¿cómo es mi fe? ¿Es una fe gozosa? (…) ¿Estás abierto a las sorpresas de Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas. (Ángelus del 24 de junio de 2018)
Fuente: Vatican News
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