«Muy a gusto presumo de mis debilidades porque así residirá en mí la fuerza de Cristo… Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor 12, 9-10). Así escribe de sí mismo hombre que experimentó personalmente y de modo particular el poder de la gracia de Dios. Orando en medio de las dificultades de la vida, oyó estas palabras del Señor: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad» (2 Cor 12, 9). La oración es la primera y fundamental condición de la colaboración con la gracia de Dios. Es menester orar para obtener la gracia de Dios y se necesita orar para poder cooperar con la gracia de Dios. Este es el ritmo auténtico de la vida interior del cristiano. El Señor nos habla a cada uno como habló al Apóstol: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad». (San Juan Pablo II – Ángelus, 4 de julio de 1982).

Fuente: Vatican News