Todo el acontecimiento del nacimiento de Juan el Bautista está rodeado de un sentido jubiloso de admiración, de sorpresa y de gratitud. Admiración, sorpresa, gratitud. La gente sentía un santo temor de Dios, «y en toda la región montañosa de Judea se comentaban estos hechos» (v. 65). (…) Miremos a esa gente que hablaba bien de este evento maravilloso, de este milagro del nacimiento de Juan, y lo hacía con alegría, estaba feliz, con un sentido de admiración, sorpresa y gratitud. Y pensando en esto, preguntémonos: ¿cómo es mi fe? ¿Es una fe alegre, o es una fe siempre igual, una fe “tibia”? ¿Tengo ese sentido de admiración cuando veo las obras del Señor, cuando escucho hablar de la evangelización o de la vida de un santo, o cuando veo a tanta gente buena: siento la gracia por dentro, o no se me mueve nada en el corazón? ¿Sé sentir las consolaciones del Espíritu o estoy cerrado? Hagámonos esta pregunta, cada uno en un examen de conciencia: ¿cómo es mi fe? ¿Es una fe alegre? ¿Está abierta a las sorpresas de Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas. ¿Sentí alguna vez en el alma ese sentido de admiración que da la presencia de Dios, ese sentido de gratitud? Pensemos en estas palabras, que son estados de ánimo de la fe: alegría, admiración, sorpresa y gratitud. (Papa Francisco, Ángelus del 24 de junio de 2018).
Fuente: Vatican News
junio 24, 2025 a las 11:20 am
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