Juan, después de haber cumplido su misión, sabe hacerse a un lado, se retira de escena para dejarle lugar a Jesús. Vio al Espíritu descender sobre Él (cf. vv. 33-34), lo señaló como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y ahora, a su vez, se pone en humilde escucha. De profeta se convierte en discípulo. Predicó al pueblo, reunió discípulos y los formó durante mucho tiempo. Sin embargo, no ata a nadie a sí mismo. Y esto es difícil, pero es el signo del verdadero educador: no vincular a las personas con uno mismo. Juan hace esto: pone a sus discípulos en las huellas de Jesús. No le interesa tener un séquito propio, obtener prestigio o éxito, sino que da testimonio y luego da un paso atrás, para que muchos puedan tener la alegría de encontrarse con Jesús. Podemos decir: abre la puerta y sale. Con este espíritu de servicio, con su capacidad de dejarle lugar a Jesús, Juan Bautista nos enseña algo importante: la liberación de los apegos. Sí, porque es fácil apegarse a roles y posiciones, a la necesidad de ser estimado, reconocido y recompensado. Y esto, aunque sea natural, no es algo bueno, porque el servicio requiere gratuidad, cuidar a los demás sin beneficio para uno mismo, sin segundas intenciones, sin esperar retribución. También a nosotros nos hará bien cultivar, como Juan, la virtud de saber apartarnos en el momento oportuno, dando testimonio de que el punto de referencia en la vida es Jesús. (Papa Francisco, Ángelus del 15 de enero de 2023).
Fuente: Vatican News
enero 3, 2026 a las 5:02 am
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enero 3, 2026 a las 3:33 pm
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enero 3, 2026 a las 3:55 pm
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enero 3, 2026 a las 5:34 pm
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