Hoy el Evangelio nos dice que Aquel a quien contemplamos en su Navidad, como Niño, Jesús, ya existía antes: antes del comienzo de las cosas, antes del universo, antes de todo. (…) San Juan lo llama Verbo, es decir, Palabra. (…) Ahora bien, el hecho de que Jesús sea desde el principio la Palabra significa que desde el inicio Dios quiere comunicarse con nosotros, quiere hablarnos. El Hijo único del Padre (v. 14) quiere comunicarnos la belleza de ser hijos de Dios; Él es «la luz verdadera» (v. 9) y quiere apartarnos de las tinieblas del mal; Él es «la vida» (v. 4), que conoce nuestras vidas y quiere decirnos que las ama desde siempre. Nos ama a todos. He aquí el mensaje maravilloso de hoy: Jesús es la Palabra, la Palabra eterna de Dios, que desde siempre piensa en nosotros y desea comunicarse con nosotros. Y para hacerlo fue más allá de las palabras. De hecho, en el corazón del Evangelio de hoy se nos dice que la Palabra «se hizo carne y habitó entre nosotros» (v. 14). Se hizo carne: ¿por qué san Juan usa esta expresión, “carne”? ¿No podría haber dicho, de un modo más elegante, que se hizo hombre? No: usa la palabra carne porque indica nuestra condición humana en toda su debilidad, en toda su fragilidad. (…) Dios se hizo carne para decirnos, para decirte, que te ama precisamente ahí, que nos ama ahí, en nuestras fragilidades, en tus fragilidades. (…) Esto es audaz, la decisión de Dios es audaz: se hizo carne precisamente allí donde tantas veces nos avergonzamos; entra en nuestra vergüenza para hacerse nuestro hermano, para compartir el camino de la vida. (Papa Francisco, Ángelus del 3 de enero de 2021).

Fuente: Vatican News