Con esta respuesta, Jesús invita en primer lugar a sus interlocutores – y también a nosotros – a pensar que esta dimensión terrena en la que vivimos ahora no es la única, sino que existe otra, ya no sujeta a la muerte, en la cual se manifestará plenamente que somos hijos de Dios. Es motivo de gran consuelo y esperanza escuchar esta palabra de Jesús, simple y clara, sobre la vida más allá de la muerte; la necesitamos especialmente en nuestro tiempo, tan rico en conocimiento del universo, pero tan pobre en sabiduría sobre la vida eterna. Esta certeza clara de Jesús sobre la Resurrección se basa enteramente en la fidelidad de Dios, que es el Dios de la vida. (…) La vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y vínculos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando se tiene la pretensión de pertenecer solo a uno mismo y de vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte. Es egoísmo. Si vivo para mí, estoy sembrando la muerte en mi corazón. Que la Virgen María nos ayude a vivir cada día en la perspectiva de lo que recitamos en la parte final del Credo: «Creo… en la resurrección de la carne y en la vida eterna». Esperar el más allá. (Ángelus del 10 de noviembre de 2019).
Fuente: Vatican News
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