Jesús reacciona con palabras fuertes y claras, no tolera esto, pues esos escribas, tal vez sin darse cuenta, están cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar el Amor de Dios que está presente y actúa en Jesús. Y la blasfemia, el pecado contra el Espíritu Santo, es el único pecado imperdonable — así dice Jesús — porque surge de un cierre del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús. Pero este episodio contiene una advertencia que nos sirve a todos nosotros. De hecho, puede suceder que una gran envidia por la bondad y las buenas obras de una persona pueda llevar a acusarla falsamente. Hay en esto un gran veneno mortal: la maldad con la que, de manera intencional, se pretende destruir la buena fama del otro. ¡Dios nos libre de esta terrible tentación! Y si, al examinar nuestra conciencia, nos damos cuenta de que esta mala hierba está germinando dentro de nosotros, vamos a confesarlo inmediatamente en el sacramento de la Penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos malvados, que son incurables. Estad atentos, pues esta actitud destruye familias, amistades, comunidades e incluso la sociedad. (Ángelus del 10 de junio de 2018).

Fuente: Vatican News