He aquí el estilo de Jesús con quien sufre: pocas palabras y hechos concretos. Muchas veces, en el Evangelio, lo vemos comportarse así con quien sufre: sordomudos (cf. Mc 7,31-37), paralíticos (cf. Mc 2,1-12) y otros tantos necesitados (cf. Mc 5). Siempre hace así: habla poco y a las palabras les siguen enseguida las acciones: se inclina, toma de la mano, cura. No se entretiene en discursos o interrogatorios, y mucho menos en pietismos y sentimentalismos. Más bien demuestra el pudor delicado de quien le escucha atentamente y actúa con diligencia, preferiblemente sin llamar la atención. Preguntémonos hoy: ¿Yo sé escuchar a las personas, estoy disponible a sus buenas peticiones? ¿O pongo escusas, postergo las cosas, me escondo detrás de palabras abstractas e inútiles? Concretamente, ¿cuándo fue la última vez que fui a visitar a una persona sola o enferma – que cada uno se responda en el corazón – o cuándo fue la última vez que cambié mis planes para satisfacer las necesidades de quien me pedía ayuda? (Ángelus, 11 de febrero de 2024).
Fuente: Vatican News
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