La narración comienza con la objeción que los escribas y fariseos le hacen a Jesús, acusando a sus discípulos de no seguir los preceptos rituales según las tradiciones. De este modo, sus interlocutores intentaban desacreditar la autoridad de Jesús como Maestro, diciendo: «Pero este maestro permite que sus discípulos no cumplan las prescripciones de la tradición». Sin embargo, Jesús responde con firmeza: «Bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que las doctrinas que enseñan no son más que preceptos humanos”» (vv. 6-7). ¡Palabras claras y contundentes! (…) También hoy, el Señor nos invita a evitar el peligro de dar más importancia a la forma que al contenido. Nos exhorta a reconocer, una y otra vez, el verdadero centro de la experiencia de fe: el amor de Dios y el amor al prójimo, purificándolo de la hipocresía del legalismo y el ritualismo. (Ángelus del 2 de septiembre de 2018).

Fuente: Vatican News