Amados hermanos y hermanas, esto también nos toca a nosotros. Muchas veces pensamos que el mal viene sobre todo de afuera: del comportamiento de los demás, de quienes piensan mal de nosotros, de la sociedad. ¡Cuántas veces culpamos a los otros, a la sociedad, al mundo, por todo lo que nos pasa! Siempre parece ser culpa de “los demás”: de las personas, de los gobernantes, de la mala suerte, y así sucesivamente. Los problemas parecen venir siempre desde afuera. Y pasamos el tiempo repartiendo culpas; pero dedicar el tiempo a culpar a los demás es tiempo perdido. Nos llenamos de enojo, amargura y terminamos alejando a Dios de nuestro corazón. […] Pidámosle hoy al Señor que nos libere de echarle la culpa a los demás, como hacen los niños: “¡Yo no fui! Fue él, aquel otro…”. Supliquemos en la oración la gracia de no perder tiempo contaminando el mundo con quejas, porque eso no es cristiano. Al contrario, Jesús nos invita a mirar la vida y el mundo desde nuestro propio corazón. Si miramos hacia adentro, encontraremos casi todo lo que odiamos afuera. Y si pedimos sinceramente a Dios que purifique nuestro corazón, entonces comenzaremos a hacer el mundo un poco más limpio. Porque hay un método infalible para vencer el mal: empezar por vencerlo dentro de uno mismo. (Ángelus del 29 de agosto de 2021).
Fuente: Vatican News
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