En el espíritu del mundo, dominado por el orgullo, la Palabra de Dios hoy nos invita a ser humildes y mansos. La humildad no consiste en menospreciarse a uno mismo, sino en ese sano realismo que nos hace reconocer tanto nuestras capacidades como nuestras miserias. Precisamente partiendo de nuestras miserias, la humildad nos ayuda a desviar la mirada de nosotros mismos y a dirigirla hacia Dios, Aquel que todo lo puede y que nos concede también lo que, por nuestra cuenta, no podríamos alcanzar. “Todo es posible para el que cree” (Mc 9, 23). (Homilía en L’Aquila, Plaza de la Basílica de Santa María en Collemaggio, 28 de agosto de 2022).

Fuente: Vatican News