«Si alguien quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9, 35). Si querés ser el primero, debes ponerte al final de la fila, ser el último y servir a todos. Con esta frase tan clara, el Señor invierte la lógica del mundo: derriba los criterios que determinan qué es lo que realmente importa. El valor de una persona ya no depende del rol que ocupa, del éxito que tiene, del trabajo que hace o del dinero que posee; no, no depende de eso. A los ojos de Dios, la grandeza y el éxito se miden de otra manera: se calculan por el servicio. No por lo que se tiene, sino por lo que se da. ¿Querés ser el primero? Serví. Ese es el camino. Hoy la palabra “servicio” parece un poco gastada, desgastada por el uso. Pero en el Evangelio tiene un significado preciso y concreto. Servir no es solo un gesto de cortesía: es hacer lo que hizo Jesús, quien resumió su vida en pocas palabras diciendo que vino «no para ser servido, sino para servir» (Mc 10, 45). (Ángelus del 19 de septiembre de 2021).
Fuente: Vatican News
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