Quien ama, se preocupa por quien falta, siente nostalgia de quien está ausente, busca a quien se perdió, espera a quien se alejó. Porque desea que nadie se pierda. Hermanos y hermanas, así es Dios: Él no se queda “tranquilo” si nos alejamos de Él, sufre, se estremece por dentro; y se pone en camino para ir a buscarnos, hasta volver a traernos a sus brazos. El Señor no anda calculando pérdidas o riesgos, tiene un corazón de padre y de madre, y sufre por la ausencia de sus hijos amados. “¿Pero por qué sufre si ese hijo es un desgraciado, se fue por su cuenta?”. Sufre, sufre. Dios sufre por nuestra distancia, y cuando nos desviamos, espera nuestro regreso. Recordémoslo: Dios siempre nos espera con los brazos abiertos, no importa en qué situación de la vida estemos perdidos. Como dice un salmo, Él no duerme, vela siempre por nosotros (cf. Salmo 121, 4-5) (Papa Francisco, Ángelus del 11 de septiembre de 2022).

Fuente: Vatican News