El Evangelio […] presenta dos milagros realizados por Jesús, describiéndolos casi como una especie de marcha triunfal hacia la vida. […] Se trata de dos relatos entrelazados, con un único centro: la fe. Y muestran a Jesús como fuente de vida, como Aquel que le devuelve la vida a quien confía plenamente en Él. Los dos protagonistas —el padre de la nena y la mujer enferma— no son discípulos de Jesús, y sin embargo, son escuchados por su fe. Tienen fe en ese hombre. De esto entendemos que en el camino del Señor todos están invitados: nadie tiene que sentirse un intruso, un ilegal, o alguien sin derecho a estar ahí. Para acceder a su corazón, al Corazón de Jesús, solo hay una condición: reconocerse necesitado de ser sanado y confiar en Él. (Papa Francisco, Ángelus del 1º de julio de 2018).

Fuente: Vatican News