Aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. Esas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más. Bien simple. Tal vez nosotros la hayamos vuelto un poco difícil con tantas explicaciones que nadie entiende. La vida cristiana es así: escuchar la Palabra de Dios y practicarla. Cada vez que hacemos eso, abrimos el Evangelio, leemos un pasaje y nos preguntamos: “Con esto, ¿Dios me está hablando? ¿Me dice algo? Y si me dice algo, ¿qué me dice?” Eso es escuchar la Palabra de Dios: oírla con los oídos y con el corazón, abrir el corazón a la Palabra de Dios. Los enemigos de Jesús escuchaban la Palabra de Jesús, pero se le acercaban para tratar de encontrarle un error, hacerlo tropezar, que perdiera autoridad, pero jamás se preguntaban: “¿Qué me dice Dios en esta Palabra?” Y Dios no habla solo a todos: sí, habla a todos, pero habla a cada uno de nosotros. El Evangelio fue escrito para cada uno de nosotros. Jesús sigue recibiendo a todos, incluso a los que van a escuchar la Palabra de Dios y después lo traicionan. Pensemos en Judas, a quien lo llamó “amigo” en el momento en que lo traicionaba. El Señor siempre siembra su Palabra, y a cambio solo pide un corazón abierto para escucharla y buena voluntad para ponerla en práctica. (Papa Francisco, Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 23 de septiembre de 2014).

Fuente: Vatican News