Si es verdad que la historia humana está llena de hechos dramáticos, situaciones dolorosas, guerras, revoluciones y calamidades, también es verdad —dice Jesús— que todo eso no es el final; no son un buen motivo para dejarse paralizar por el miedo ni rendirse al derrotismo de quien piensa que ya está todo perdido y que esforzarse en la vida es inútil. El discípulo del Señor no se deja frenar por la resignación, no cae en el desánimo ni siquiera en las situaciones más difíciles, porque su Dios es el Dios de la resurrección y de la esperanza, que siempre levanta: con Él siempre se puede levantar la mirada, volver a empezar y ponerse en camino. Así, ante la prueba —cualquier prueba, sea cultural, histórica o personal—, el cristiano se pregunta: «¿Qué me está diciendo el Señor a través de este momento de crisis?» Yo también me hago esta pregunta hoy, frente a esta tercera guerra mundial: ¿Qué nos está diciendo el Señor? ¿Qué nos dice el Señor? Y cada vez que ocurren hechos malignos que generan pobreza y sufrimiento, el cristiano se pregunta: «¿Qué puedo hacer yo, concretamente, de bueno?» No tiene que escapar, sino preguntarse: ¿Qué me dice el Señor y qué puedo hacer de bueno? (Papa Francisco, Homilía en la Jornada Mundial de los Pobres, 13 de noviembre de 2022).

Fuente: Vatican News