Todo el acontecimiento del nacimiento de Juan Bautista está rodeado por un gozoso sentimiento de admiración, de sorpresa y de gratitud. Admiración, sorpresa, gratitud. Las personas quedan tomadas por un santo temor de Dios «y por toda la región montañosa de Judea se comentaban estos hechos» (v. 65). (…) El pueblo fiel intuyó que había sucedido algo grande, aunque humilde y escondido, y se pregunta: «¿Qué llegará a ser este niño?» (v. 66). El pueblo fiel de Dios es capaz de vivir la fe con alegría, con sentido de admiración, de sorpresa y de gratitud. Miremos a esa gente que hablaba bien de este acontecimiento maravilloso, de este milagro del nacimiento de Juan, y lo hacía con alegría, estaba feliz, con sentido de admiración, sorpresa y gratitud. Y pensando en esto preguntémonos: ¿cómo es mi fe? (…) ¿Es gozosa? ¿Está abierta a las sorpresas de Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas. ¿“Experimenté” en el alma ese sentido de admiración que da la presencia de Dios, ese sentido de gratitud? Pensemos en estas palabras, que son estados de ánimo de la fe: alegría, sentido de admiración, sorpresa y gratitud. (Papa Francisco, Ángelus del 24 de junio de 2018).

Fuente: Vatican News