Con estas palabras, el Señor nos recuerda que la vida es un camino hacia la eternidad (…). Desde esta perspectiva, cada momento se vuelve precioso, y por eso debemos vivir y actuar en esta tierra con nostalgia del Cielo: (…) No logramos comprender realmente en qué consiste esta alegría suprema, pero Jesús nos da una intuición de esto, con la analogía del Señor que encuentra a sus siervos todavía despiertos cuando vuelve: «Se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los servirá» (v. 37). Así se manifiesta el júbilo eterno del Paraíso: la situación se invertirá, y ya no seremos nosotros, los siervos, quienes sirvamos a Dios, sino que será el propio Dios quien se pondrá a nuestro servicio. Y Jesús ya actúa así desde ahora: Jesús ora por nosotros, Jesús nos mira e intercede ante el Padre por nosotros; Jesús nos sirve ahora, ¡es nuestro servidor! Y esta será la alegría definitiva. El pensamiento del encuentro final con el Padre, rico en misericordia, nos llena de esperanza y nos impulsa a un compromiso constante por nuestra santificación y por construir un mundo más justo y fraterno. Con su intercesión materna, la Virgen María sostenga este nuestro compromiso. (Ángelus del 11 de agosto de 2019).
Fuente: Vatican News
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