El evangelista pone en evidencia que José, por sí solo, no puede encontrar una explicación al acontecimiento que ve producirse ante sus ojos, es decir, el embarazo de María. Precisamente entonces, en ese momento de duda e incluso de angustia, Dios se le acerca —también a él— por medio de un mensajero suyo, aclarándole la naturaleza de esa maternidad: «El Niño que fue concebido en ella viene del Espíritu Santo» (v. 20). Así, ante este acontecimiento extraordinario, que sin duda suscita muchas preguntas en su corazón, confía de manera total en Dios que se le acerca y, aceptando su invitación, no rechaza a su prometida, sino que permanece con ella, desposando a María. Al acoger a María, José acoge consciente y amorosamente a Aquel que fue concebido en ella por obra admirable de Dios, para quien nada es imposible. José, hombre humilde y justo (cf. v. 19), nos enseña a confiar siempre en Dios, que se acerca a nosotros: cuando Dios se acerca, tenemos el deber de confiarnos a Él. José nos enseña a dejarnos guiar por Él con obediencia voluntaria. (Papa Francisco, Ángelus del 18 de diciembre de 2016).

Fuente: Vatican News