«“Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti ―y luego― con la gloria que tenía a tu lado antes de que el mundo fuese”» (Jn 17, 1.5). Jesús pide la gloria, una petición que parece paradójica mientras la Pasión está a las puertas. ¿De qué gloria se trata? La gloria, en la Biblia, indica la revelación de Dios, es el signo distintivo de su presencia salvadora entre los hombres. Ahora bien, Jesús es Aquel que manifiesta de forma definitiva la presencia y la salvación de Dios, y lo hace en Pascua: levantado en la cruz, es glorificado (cf. Jn 12, 23-33). Allí, Dios finalmente revela su gloria: quita el último velo y nos sorprende como nunca antes. Descubrimos, en efecto, que la gloria de Dios es todo amor: amor puro, loco e impensable, más allá de cualquier límite y medida. (Audiencia General, 17 abril 2019)»

Fuente: Vatican News