El Sermón de la Montaña, según Mateo, es el lugar del Nuevo Testamento donde Jesús afirma con claridad y ejerce con decisión el poder sobre la Ley que Israel recibió de Dios como fundamento de la alianza. […] La nueva ley que Él trajo se resume en el amor. Este amor hará que el hombre supere, en sus relaciones con los demás, el clásico contraste amigo-enemigo, y tenderá, desde el corazón, a traducirse en formas correspondientes de solidaridad social y política, incluso institucionalizadas. Por lo tanto, la irradiación del «nuevo mandamiento» de Jesús será muy amplia en la historia. En este punto, nos sentimos obligados a señalar sobre todo que en pasajes importantes del «Sermón de la Montaña», se repite el contraste: «Habéis oído que se dijo… Pero yo os digo»; Y esto no para abrogar la Ley divina de la Antigua Alianza, sino para indicar el cumplimiento perfecto, según el significado que Dios Legislador pretendió, que Jesús ilumina con nueva luz y explica en todo su valor como portador de nueva vida y generador de nueva historia: y lo hace atribuyéndose una autoridad que es la misma que la de Dios Legislador. Puede decirse que en esa expresión suya, repetida seis veces: «Yo os digo», resuena el eco de esa autodefinición de Dios que Jesús también se atribuyó: «Yo soy» (Jn 8,58). (San Juan Pablo II, Audiencia General, 14 de octubre de 1987).

Fuente: Vatican News