Estas comparaciones ponen en evidencia dos características clave sobre cómo se alcanza el Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. Es cierto que el Reino de Dios se ofrece a todos —es un don, un regalo, es gracia—, pero no se sirve en bandeja de plata: requiere dinamismo. Se trata de buscar, de moverse, de trabajar. La actitud de búsqueda es condición esencial para encontrar; hace falta que el corazón arda con el deseo de alcanzar ese bien tan valioso, es decir, el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Él es el tesoro escondido, Él es la perla de gran valor. Es el hallazgo fundamental, capaz de producir un cambio decisivo en nuestra vida, llenándola de sentido. Ante ese descubrimiento inesperado, tanto el campesino como el comerciante se dan cuenta de que tienen una oportunidad única que no quieren dejar pasar. Por eso, venden todo lo que tienen. Valorar el tesoro como algo de valor incalculable los lleva a tomar una decisión que implica sacrificios, desapegos y renuncias. Cuando el tesoro y la perla son descubiertos —es decir, cuando nos encontramos con el Señor—, hace falta que ese encuentro no sea estéril. Hay que estar dispuestos a darlo todo por Él. No se trata de despreciar lo demás, sino de ponerlo por debajo de Jesús, de ponerlo en segundo lugar. Y eso es una gracia: la gracia de poner a Jesús en primer lugar. (Papa Francisco, Ángelus del 30 de julio de 2017).
Fuente: Vatican News
julio 30, 2025 a las 12:56 am
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julio 30, 2025 a las 12:58 am
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julio 30, 2025 a las 1:37 pm
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julio 30, 2025 a las 2:03 pm
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julio 30, 2025 a las 2:47 pm
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